jueves, 12 de mayo de 2016

Cosmogonía Neolítica

La cosmogonía neolítica se refiere a la noción del universo imaginada por el hombre primitivo (6000-4000 a.n.e) cuyo pensamiento vislumbraba un elemental sentido religioso asociado a los astros y a los fenómenos celestes. Esta cosmogonía se caracteriza por el animismo y la creencia en el Maná, o sea, un poder misterioso que da vida y movimiento a los objetos naturales, se decía entonces que el Maná hacía brillar el sol, la luna o caer la lluvia. Más tarde, surge la creencia en la existencia de dioses individualizados que gobiernan porciones del mundo; por ejemplo, un espíritu era el que producía la luz y el calor del sol; otro causaba los vientos y las lluvias; unos ocasionaban actos buenos, otros actos malos. Entre ellos se entablaban luchas que conducían al dominio del universo.
En los tiempos de las sociedades paleolíticas y neolíticas, el hombre vivía en estrecho contacto con el mundo natural y estaban plenamente conscientes que dependían de los recursos que este les proporcionara, una alteración del orden natural podía poner en peligro su subsistencia, así se tratara de pueblos recolectores o productores de alimentos.
Durante el mesolítico (o Edad de la piedra media, del 19.000 al 8.350 antes de nuestra era), habiendo acabado las glaciaciones y ensanchándose los bosques, con la consecuente extensión del hábitat de los animales herbívoros (entre ellos los mamíferos medianos y pequeños) que alimentaron al hombre, este debió volverse al nomadismo, perfeccionando sus instrumentos de caza, generalizándose el arco y la flecha, desplazando al arpón. La recolección de moluscos, frutas y nueces adquiere protagonismo.
Llegado el neolítico, Nueva Edad de Piedra, se adquiere una nueva técnica para trabajar la piedra, puliendo -con arena humedecida-, perforando y aserrando la misma. Es el periodo prehistórico del ser humano.
El hombre neolítico, al contemplar la “bóveda celeste” experimenta un éxtasis religioso, asimilando trascendencia, fuerza y un inamovible carácter sagrado; el cielo es lo infinito, lo absoluto, la perennidad. El estar por encima del humano le otorga poder, demostrado entre otras formas por medio del germen fecundo (creador) de la lluvia. Todo lo que pueda suceder en el espacio (tormentas, rayos, meteoritos, auroras, ocasos) tiene un hondo significado místico para el hombre en sus estructuras más primitivas, afectando su presente pero condicionando su futuro. Esa divinidad celeste, lo vería y controlaría todo; sería el fundamento, autor y administrador de los ritmos cósmicos.
En el Neolítico surge el culto a la diosa madre o a la señora de los animales, que podríamos identificar como la "señora de la naturaleza", que protegía los ganados y las cosechas y fertilizaba las tierras. Esta divinidad se solía representar mediante estatuillas femeninas de arcilla, bien como una joven, bien como una madre dando a luz.
Aparecen determinados lugares de culto o santuarios, en las habitaciones de las casas o en edificaciones específicas. La abundancia de pruebas que demuestran la existencia de un mundo simbólico y de creencias mágico-religiosas durante el Neolítico, debía ir acompañado de la aparición de chamanes, brujos, hechiceros y sacerdotes, que ocuparían un lugar importante en estas sociedades.

RITUALES NEOLÍTICOS
Los rituales funerarios de finales del Paleolítico continúan durante el inicio del Neolítico.
Solían enterrar a sus muertos bajo sus casas, en posición encogida y la cabeza con una determinada orientación. Los cuerpos se depositaban dentro de pieles, telas, cestos o cajas de piedras, acompañados de ajuares funerarios muy variados: puñales, anillos, broches, collares de conchas o pizarra, espejos de obsidiana, recipientes de cerámica que había utilizado para alimentarse en vida, etc.
Además, de los rituales funerarios, existen pruebas de la existencia de un culto a los muertos o a los antepasados. Bajo las casas se han encontrado cráneos recubiertos de arcilla reproduciendo los rasgos faciales, con los labios pintados y conchas en el lugar de los ojos.
A finales del Neolítico y durante las primeras etapas de la Edad de los Metales, aparecen otro tipo de tumbas de carácter colectivo: son los dólmenes.



LAS DANZAS RITUALES
Las danzas rituales, asociadas a ritos de fertilidad, las prácticas religiosas (que ahora desconocemos) de la época, siguen practicándose. Probablemente, cada grupo disponía de un hechicero, que se adornaba con una cabeza de toro salvaje hueca y una piel de toro que incluía la cola. Estos hechiceros son los que aprendían y difundían las nuevas técnicas, trasmitían sus conocimientos a su sucesor o sucesores y hasta es posible que fueran los autores de las pinturas rupestres pues en general estas se suponen asociadas a ritos religiosos o mágicos.

Los hechiceros tenían vagos conocimientos astronómicos (observaban el cielo y en una pintura está representada la Osa Mayor); observaban las costumbres de los animales, salvajes o no, para hacer más fácil su captura o imitarlos (por ejemplo la araña, pero también otros) y ensayaba sobre vegetales, comestibles o no.





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